20 octubre 2009

Secreto inofensivo





De pronto suena el teléfono, hago una pausa, me levanto de la sala y me disculpo mientras me alejo para escuchar quién habla del otro lado de la línea. Se trata ni más ni menos que de Cecilia, una amiga que conocí en un lugar llamado La vecindad, durante un evento de videoarte y música improvisada.

Me pregunta en dónde estoy, le contesto que en mi casa y acto seguido dice que si me parece bien me invita a cenar. Rápidamente me explica cómo dar con el departamento de su mejor amiga y acepta que nos veamos dentro de media hora.

Llego al rumbo de Santa María La Ribera, tomo el primer taxi que pasa desocupado y avanzamos por la calle de Magnolias. Después de varias cuadras, corroboro la dirección y entonces la miro asomándose por la ventana. Aquí me bajo, le digo al chofer, indicándole que se detenga.

Al saludarnos efusivamente, me pregunta por qué tardé tanto y cuando subimos las escaleras observo que Mari Carmen y su novio ya están cenando. En la mesa hay un plato de espagueti, otro de rabioles, una charola de camarones rellenos y para beber una jarra de clericot.

Me presenta con ellos y nos sentamos juntos. La dejo hablar mientras veo el florero con rosas en medio de la mesa y siento la mirada inquieta sus amigos. Cecilia me dice que su hermana está con Germán en una fiesta de cumpleaños. Le acaban de hablar por teléfono para saber si los acompañaría, pero ya es tarde, la celebración queda muy lejos y además me confiesa que ya les había dicho que no tenía muchas ganas.

Hablamos del calor que está haciendo últimamente, aún en las noches, y que a veces hay que dormir con un ventilador al lado de la cama. Cecilia dice que a ella así le gusta el clima y a mí me parece que la oleada de altas temperaturas se está alargando para darnos una muestra de su condición cada vez menos predecible.

Todo lo que prepararon está delicioso y el clericot con hielo resulta sumamente refrescante. Terminamos de cenar platicando de cine, en especial de las películas españolas, del sex appeal de Penélope Cruz y de la otra guapa que sale con ella en una cinta que nadie puedo recordar cómo se llamaba.

Mari Carmen propuso que viéramos "La maldición de la perla negra", con Johnny Deep, nominado al Oscar por el papel del pirata Jack Sparrow y al parecer, uno de sus actores favoritos. La otra alternativa era "Japón", una película mexicana que tuvo buenas críticas de los especialistas, aunque pasó casi desapercibida para el público.

Luego de una pequeña votación nos decidimos finalmente por la primera. Julio apaga el reproductor de música tras encender la televisión, mientras Cecilia y yo vamos a la cocina bajo el pretexto de preparar las palomitas. Nos besamos súbitamente como anticipo del encuentro que más tarde tendríamos en la habitación contigua.

Antes de ver el final, los novios se fueron quedando vencidos por el sueño, como quienes duermen con la tranquilidad de saberse bien acompañados. Me quedé inmóvil hasta que aparecieron los créditos de la película y después nos fuimos a acostar tratando de no hacer mucho ruido. No sé por qué, pero cuando me despedí a la mañana siguiente, no quise decirles que ya la había visto. A lo mejor ellos también, pero eso era lo de menos.

4 comentarios:

Angus dijo...

Un texto buenísimo. Me ha encantado.

Hombre Extraño dijo...

Curiosos son los senderos que nos llevan a realizar, decidir o pensar situaciones...

Probablemente todos ya la habían visto, probablemente no... al final ¿eso importa?

Saludos...

Ro dijo...

¡Eh Alex!
te he posteado en mi blog, ven a leerte...
Saludos
Ro
http://tallandolapiz.blogspot.com/2009/10/letras-y-manos.html

Anónimo dijo...

Me encanto esta historia, felicidades, esta muy lindo tu blog por acá andaremos, y gracias también por visitar mi blog! saludos

Ari Quintana

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