24 marzo 2009

Los reyes del spanglish

Se cuenta que eran despreciados por todos. Durante la época de la Segunda Guerra Mundial eran considerados como delincuentes y eran presa de las redadas policiales que terminaban culpándolos por la creciente ola de violencia. De tal forma, representaban lo opuesto a la disciplina que pregonaba el ejército norteamericano. Además, carecían de la aprobación de sus familias, pues tampoco eran considerados como parte de los suyos.

Octavio Paz los menciona en el ensayo que da pie a El laberinto de la soledad, en donde muestra un controvertido retrato de los pachucos. Él no valora positivamente su contribución a la identidad del mexicano inmigrante, ya que según su perspectiva, eran figuras tristes y grotescas que se mantenían en una incesante búsqueda de identidad al no tener ninguna herencia o filiación histórica.

Sin embargo, serían ellos mismos quienes a la postre servirían de inspiración a los movimientos chicanos que surgieron a finales de los años 60. Considerados como un eslabón radical entre dos culturas distintas, hoy son reivindicados como aquellos que a pesar de vivir estigmatizados, finalmente optaron por un estilo propio y reaccionaron no sólo contra el racismo estadounidense, sino también contra los convencionalismos de las tradiciones mexicanas.

Es cierto que los pachucos eran rebeldes y extravagantes tanto en sus peinados como en su modo de vestir. Por lo general, su saco tenía solapas amplias y sus pantalones eran holgados, ceñidos a la cintura, así como a los tobillos. Utilizaban zapatos estilo francés y a los lados de sus bolsas, acostumbraban usar largas cadenas. El conjunto culminaba con sombreros estilo italiano, adornados con una pluma como distintivo de elegancia.

Se dice que su nombre es una derivación de los nacidos en El Paso, Texas, y que más tarde llegarían a poblar los barrios en la ciudad de Los Ángeles. A través de su habilidad verbal expresaban su manera de ser, ante la marginación de la cual eran objeto por parte de la sociedad en su conjunto. Por eso justamente surgió el lenguaje de los reyes del spanglish, como una mezcla de anglicismos con una buena dosis de picardía mexicana que retomaría el mismísimo TinTán en sus películas inolvidables.

23 febrero 2009

En busca de espacios alternos

Hace más o menos dos décadas, las tecnologías de la comunicación que apenas comenzaban a tener auge, eran consideradas de carácter neutral, capaces de responder activa o pasivamente, para beneficiar o no a los usuarios, de acuerdo con el contexto en que se usaban. Hoy en día la noción de neutralidad ya es defendible, dado que las nuevas tecnologías son parte integral de la producción y del paisaje colectivo, con el potencial de ejercer influencia no únicamente sobre las fuerzas políticas y económicas, sino de afectar también, a niveles cada vez más profundos, las formas en las que constituimos nuestras sociedades. Todo lo anterior nos coloca, como nunca antes, en una posición distinta. Es factible que muchos no tengan mayores referencias de lo que se ha dado en llamar "cibercultura", o que lo asimilen simplemente como una representación más de lo que sucede en el ciberespacio. Sin embargo, propongo que haya una sección especial donde se trate de igual manera, su funcionamiento y sus ventajas al optimizar la comunicación humana. El "humanismo en la Red" va mucho más allá; tanto como nuestra imaginación lo permita. Dentro de los motivos por los cuales surge el proyecto de la Red Mundial de Arte y Cultura, están las inquietudes inherentes a mi formación profesional en la comunicación y el periodismo. Por lo cual, el hecho de conocer los mecanismos, los avances y los ejemplos más destacados en cuanto a la creación de proyectos autogestivos, es un imperativo que me resulta de particular interés. Asimismo, su creación obedece al propósito de abordar el tratamiento de los asuntos relacionados con la oferta y la demanda en el ámbito cultural, para articular las visiones de un mundo, hasta el momento, desordenado en las iniciativas culturales que consume el creciente número de ciudadanos en busca de espacios alternos, pero cuya mirada cautiva sigue adormecida por los medios establecidos.

23 enero 2009

Esencia de ventiscas y nubarrones

En la mitología griega, el Dios Eolo, hijo de Poseidón y jerarca tanto de los vientos buenos, como de los relacionados con las catástrofes, fue parte de las historias que explicaron la creación del universo. Asimismo, obras como la Ileada y la Odisea, lo mencionan en algunos de sus pasajes; ejemplo de ello, son los viajes de Ulises y sus peripecias para llevar su épica tarea a buen término.

Dentro de los cuatro elementos principales que conforman al mundo, está el aire que junto con el fuego, es un elemento de esencia masculina, mientras que el agua y la tierra, lo son de carácter femenino. Con la serpiente emplumada o Quetzalcóatl, así como Ehécatl, dios del viento, emparentado con Tláloc, dios de la lluvia, tenemos a sus principales representaciones míticas en la cultura prehispánica.

En el municipio de Tizayuca hay una temporada en la que el viento toma impulso justamente en febrero, continúa su fuerte racha hasta agosto y sólo aminora su soplido para dar paso a las lluvias torrenciales que anegan los afluentes de los sembradíos. En medio de sus parajes solitarios, entre las cuantiosas casas de interés social y las unidades habitacionales que cada vez se propagan más en los alrededores, se cuela por las veredas cubiertas de vegetación adusta y los montículos de cactáceas que apenas adornan la grandeza de los magueyales.

La fuerza de los vientos -no hay que dejar de mencionarlo-, es hoy más que nunca, una alternativa para la generación de energías renovables en México. La creación de nuevos métodos para administrar los recursos naturales, ha propiciado que se piense seriamente en el uso y aprovechamiento de sus beneficios a través de molinos dispuestos en centrales eolo eléctricas, cuyos resultados ya son palpables en otros países como Estados Unidos, España y Alemania.

La interrogante que surge entonces es: ¿cómo pintar o cómo escribir el viento?, ¿de qué forma crear la sensación de entrar en su misma acústica?, si hablamos de un elemento que no se ve, no se oye, no se palpa en primera instancia. En la pintura existen variadas formas de representarlo y en la música es una secuencia indispensable para su composición, pero en las letras es distinto, pues resulta más complicado retratar o capturar un elemento tan esquivo, tan difícil de apresar. El poeta se sirve como puede del tono que forman sus vocales unidas, retoma el armonioso silencio que se forma luego de ser pronunciadas con parsimonia, para volverlo una variable o una derivación en versos de trepidante delicadeza.

En las artes escénicas como el teatro, el cine y el video, el viento ha formado, debido a su capacidad de abrirse a la metamorfosis, un dúo simbólico con el movimiento que siempre se vuelve una secuencia inédita de imágenes por descubrir, ante la mirada atenta.

Ya sea con el viento de la memoria, el de la trasmigración de los espíritus o en cualquiera de los que se suman a los cuatro puntos cardinales, podemos asegurar que existe una esencia de ventiscas y nubarrones en las artes, en la que el soplo vital de este componente siempre se presenta con toda su gama de manifestaciones, como eje central dador de sentido. Y es que el viento no mueve las cosas en apariencia, pero gracias a él, todo está en constante evolución.

28 diciembre 2008

Retos del periodismo cultural en el tercer milenio

Por desgracia, es una práctica común observar a periodistas sin la capacidad suficiente para cumplir con la misión de dar a conocer los sucesos relevantes que puedan ser de interés general. Es como aceptar que un corresponsal de guerra pueda cubrir un evento en las calles de una zona en conflicto desde su habitación de hotel. Ya lo mencionaba Ryszard Kapuscinski, una de las figuras intelectuales más reconocidas en el panorama internacional, en su libro “Los cínicos no sirven para este oficio”, el cual habla sobre los elementos necesarios para llevar a cabo esta profesión, identificando sus principales problemáticas en la actualidad. Siendo un gran narrador, encontró sustento bajo la consigna de estar siempre en el lugar de los hechos en el momento justo para captar lo verdaderamente relevante. A partir de su labor informativa, los lectores llegaron a conocer a un hombre cuyo objetivo de vida era dar voz a los que nunca son escuchados y comunicar los conflictos que suceden en los lugares olvidados por las bondades de la civilización. En sus reportajes se descubren los catalizadores imprescindibles que usó como herramienta para cuestionar el caos en los países del Tercer Mundo, a través de una propuesta que representa ahora para nosotros un ejemplo en la lucha en contra del olvido de los derechos humanos y la urgente resolución de las problemáticas que nos aquejan en la realidad inmediata. Ryszard Kapuscinski afirmaba cuando era joven, que estaba decidido a ser reportero de los países del Tercer Mundo, y que esto respondía a una profunda incompatibilidad con respecto a su cultura y su natal Polonia. Pero independientemente de tener la misma ideología de quienes determinan lo que sale a la luz en los ámbitos de la comunicación, cuando se tiene el convencimiento de que puede generarse el cambio, no ya del mundo entero, sino de algo, por pequeño que parezca, se cuenta con la mejor fortaleza en la batalla contra las instancias obsoletas que sólo nos dejan su cuota de ignominia. Tal es la consigna del periodismo cultural, pues el oficio de trasmitir a los demás lo que acontece a diario requiere de un férreo convencimiento para darle voz también a los pobres, a los marginados, a la gente que sufre algún tipo de discriminación en los sistemas retrógradas que se olvidan rotundamente de la equidad y la justicia social. En México las universidades coinciden en una misma preocupación; la de formar comunicadores con una visión amplia de la realidad, así como de sus distintas manifestaciones culturales y artísticas. Su iniciativa en esencia, es crear profesionales que puedan emprender una estrategia para defender los derechos de las audiencias que siguen sus medios, de tal modo que tengan en todo momento un libre acceso a la información. Cuando se trata de emplear todos los recursos del periodismo en la consecución de la noticia, se debe disponer de espacio suficiente para escribir todos los matices o los distintos enfoques de un mismo hecho. Si se carece de este espacio para difundir todas sus vertientes, la realidad queda fragmentada en un segmento de palabras que no alcanzan a retratarla con ninguna fidelidad. Respecto al talón de aquiles que padecemos los periodistas, hay que enfatizar la pugna inevitable contra el uso inadecuado que se hace del poder en las esferas públicas. Resulta una instancia crítica que debemos resolver con precaución y sin premuras, para no caer en la trampa de la mercantilización profesional, como sucede cuando se vende la información al mejor postor sin importar el daño que ocasione a terceras personas. Ligado a lo anterior, podemos detectar otro gran problema: los monopolios de la comunicación han construido un mundo propio a través de su influencia en los millones de receptores que sintonizan sus aparatos. Lamentablemente, estos medios no están interesados en reflejar la realidad en lo absoluto, sino en competir entre ellos distorsionándola a su medida sin opocisión alguna. En su tiempo, Kapuscinski analizó el actual modelo comunicativo y pugnó por la reformulación del sistema. Su profunda capacidad de análisis le permitió engarzar una dura crítica a la sociedad para proponer los pasos para la transformación necesaria. De cualquier forma, se trata de no cambiar los principios éticos con el paso de los años, ni caer en la tentación de cambiar los ideales por la comodidad de un sofá y una televisión enajenante con múltiples canales soporíferos. Hoy por hoy, necesitamos que la juventud esté mejor informada, que sea mucho más inteligente y tenga más arrojo a la hora de expresarse. Por ello, los representantes del periodismo cultural en el tercer milenio deberán ser más ágiles y maduros ante las situaciones límite para poder reaccionar mejor que quienes alguna vez los precedieron. Porque quienes están al frente de la sociedad como antenas privilegiadas, están llamados a ser los integrantes más aptos de las nuevas generaciones; por eso hay que creer más en la importancia de su labor y construir nuevas esperanzas tanto en latitudes donde padecen el desánimo por las crisis económicas, como en las regiones donde los escándalos amarillistas han acaparado abruptamente la atención de la opinión pública.

27 noviembre 2008

El saludable vicio de la lectura

En muchas ocasiones hemos oído la siguiente declaración: “En México no se lee”. Sin embargo, podemos observar que hay muchas personas que a diario consumen una inmensa cantidad de materiales impresos. Por ejemplo los diarios, desde el deportivo Esto hasta el especializado en nota roja, pasando por los que editan un suplemento cultural serio. Revistas, historietas o comics, desde el policíaco hasta el sentimental pasando por el vaquero, el trailero y de luchadores y por supuesto las fotonovelas. Gran número de mexicanos dedican su tiempo libre a la lectura de este tipo de publicaciones. Día a día, a través de la televisión, refuerzan el hábito al consumo y lectura de revistas femeninas y de espectáculos. Todo lo anterior refleja que en México se lee, la pregunta sería qué y para qué se lee. La respuesta la daría algún investigador o algún académico y sólo sabría decir que estos lectores consumen textos que requieren un mínimo esfuerzo, además de que son desechables y que se repiten en todos los formatos posibles y con los mismos esquemas narrativos; sean estos visuales o escritos. El panorama es desalentador, pero imaginen a estos lectores frente a un poema de Jaime Sabines, una novela de Gabriel García Márquez o un ensayo de Octavio Paz y poder explicarles que la lectura es un medio para acceder a la cultura, para recrearla, que en la acción de leer se despiertan los sentidos y la imaginación, que se ejercita la memoria, que es un trabajo, pues leer cansa, pero que sobre todo es un gran placer. Placer que cada quien siente y vive desde su “morada interior”. Por esta y por más razones cada vez estoy más convencido de que debe ser un acto social, solidario, fraterno. Porque la lectura se hace viva cuando se comparte, cuando es diálogo y comunicación de ideas, cuando se hace comunitaria y cotidiana, cuando se comparte aquello que se ama para crecer con los demás... El intercambio de libros con los amigos, el regalarlos en fechas especiales, el asistir a algunos círculos de lectura o el recomendarlos cuando valen la pena seguramente sea mi única experiencia al respecto. Sin embargo, he acumulado esta experiencia informal esperando una oportunidad con quienes están realmente comprometidos en la lectura... En una visita breve a mi historia bibliográfica es posible registrar un reducido número de libros tan peculiares como sobresalientes que traspasaron las fronteras de la literatura para darme una visión más completa del mundo. Aportaron su enfoque incluyente y universal a mis experiencias cotidianas llevándolas hasta las últimas consecuencias. Mi primer acercamiento fue naturalmente en la escuela. En el salón de clases conocí los bellos relatos de Herman Hesse, C. Andersen y Horacio Quiroga. Pero cuando iba en la primaria no sabía realmente si leía por gusto o por obligación. Todavía recuerdo a ese maestro entusiasta que me contagiaba de energía a todas horas. Fue el ingrediente justo para que naciera en mí una franca inquietud por el mundo de las letras. El futbol, los juegos de mesa y los paseos en bicicleta quedaron en segundo término de un instante a otro. En todo caso y como una primera aproximación, las novelas de Verne ocuparon mis ratos libres. Aunque el tiempo haya demostrado la falsedad de muchos de sus presagios despertó en mí la sensación de lo maravilloso junto con el Mundo Feliz de A. Huxley. En la secundaria la literatura universal robó toda mi atención; Los hermanos Karamazov, Los novios, El ramayana, La dama de las camelias, La naúsea, Yerma, Romeo y Julieta, Los miserables y El avaro. A los 15 años ya había leído piezas que considero fundadoras del idioma. La diversidad de temas y la riqueza del lenguaje apareció en las páginas del Quijote, Doña Bárbara, Los de abajo, Dante, Aura y Fausto, a quienes sin duda me hubiera gustado conocer aunque Fonchito de Vargas Llosa y Gregorio de la Metamorfosis sean mis personajes preferidos. No fue fácil aceptar la necesidad imperiosa de gastar mi dinero en esos pedacitos de historia cada vez que tenía la oportunidad. Además, me convertí en asiduo visitante de las bibliotecas públicas. Allí me encontré la célebre reflexión de Gorostiza, Baudelaire, Sor Juana, Paz o la sabiduría de López Velarde, Pessoa, Nájera, Machado, o las revelaciones más hondas de Neruda, Vallejo, Lezama y Borges. De pronto estaba inmerso en un viaje sin regreso, un viaje de búsqueda que me arrojó a los eternos laberintos de la condición humana. Ahora trato de evocar la marca indeleble de algunos cuentos que bien podrían formar una antología. Pero es mejor hablar de los grandes cuentistas que de los grandes cuentos, y entonces mi lista de preferidos incluiría a Cortázar, Onetti y Rulfo; Kafka o Joyce por el otro lado; Hemingway, Bukowsky o Bradbury del otro lado de la frontera y Flaubert o Chejov por allá, entre otros. Es tal la maestría con que estos autores entremezclan su vida con sus obras, tal la perfección y el arte con el que consiguen capturar lo perdurable en medio de lo transitorio, que quizá deba aceptar que por eso estoy atrapado irremediablemente en el saludable vicio de la lectura.

10 noviembre 2008

Novela que incita a los sentidos



Edecán urbana es una novela que se deja leer pero también sentirse a plenitud por la totalidad de los sentidos. Se trata de una ingeniosa publicación de fácil lectura cuyo lenguaje se conectará de inmediato con las emociones más intensas de los que se atrevan a hurgar en sus candentes páginas. 

Dividida en capítulos que llevan por nombre los días de la semana, muestra la vida cotidiana de una mujer como todas, pero con una necesidad inaplazable. Patricia Monge, escritora de ascendencia argentina pero raíces mexicanas, nos obsequia un polémico relato que incita primero a la mirada, luego a la piel, y también a las ganas de sentirse gratamente correspondidos. 

Destaca sobretodo, la honestidad de su escritura, al hablar de la sexualidad de forma directa, pero por medio de un gran sentido del humor, lo cual le confiere al tema un tono refrescante, tan necesario en la literatura de México. Su inventiva se inscribe con la urgencia de volverse independiente en el mundo masculino, pero sin poder desligarse del embriagante deseo que la invade como a toda fémina en medio de la seducción que se antepone al encuentro de dos intimidades compartiendo su propia fracción del universo. 

Este libro de sugestivos aconteciemientos marca su debut dentro de la literatura que no teme ser directa, pues dice las cosas tal como son. Entre las líneas sobrias y bien construidas que le dan cuerpo al volumen, subyace el interés de la autora por realizar un retrato de la sociedad en los tiempos actuales, sobre todo de la doble moral que prolifera en todos las esferas y que representa sin duda, uno de los aspectos que más dañan su tejido. 

Patricia Monge mantiene la coherencia a través del estilo que va desarrollando en las siete narraciones reunidas que se confabulan en Edecán Urbana. Esta novela cuya pretención es romper los atavismos sociales que repercuten por igual a todos los seres humanos, forma parte de la colección Habitación 69, con la que se inaugura una serie de publicaciones dentro del género erótico en las que también se incluirán otros como el ensayo y la fotografía.



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