Minutos después, todavía alcanzas a reconocer el motor de un automóvil que se aleja, mientras tus aullidos de dolor se pierden en aquel abismo subterráneo. Sufres el desconcierto de hallarte atrapado en los rincones de ese universo desconocido. De pronto, percibes las sombras de criaturas que deambulan sin descanso en esa fantasmal atmósfera.
20 septiembre 2009
Mutismo absoluto
Minutos después, todavía alcanzas a reconocer el motor de un automóvil que se aleja, mientras tus aullidos de dolor se pierden en aquel abismo subterráneo. Sufres el desconcierto de hallarte atrapado en los rincones de ese universo desconocido. De pronto, percibes las sombras de criaturas que deambulan sin descanso en esa fantasmal atmósfera.
20 agosto 2009
Claves para la creación literaria
21 julio 2009
El último libro del Doctor K
Articulista de La Jornada, el Dr. K, como le dicen algunos devotos cercanos, se anuncia ante una nutrida concurrencia con su último libro bajo el brazo. Le tiene fervor a Cioran, ese que se auto nombró “escéptico al servicio de un mundo agonizante”, pues su pasión por la vida también desemboca en el filósofo de siempre, suma de una secuencia de perplejidades.
Hacedor de frases lapidarias, Arnoldo Kraus se desdobla en una serie de matices con cada juicio, en cada reflexión, en cada sentencia antropológica que recopilan sus escritos. Verbigracia: “el momento en que la muerte espiritual abrace a todos los humanos, el mundo se volverá frío”. Sin embargo, es capaz de asegurar ante los demás que se considera un “devoto de la duda”.
Su libro, UNA LECTURA DE LA VIDA. La enfermedad y sus caminos, reúne el trabajo sistemático de un hombre dedicado a la medicina, otra más de sus facetas, y a la búsqueda de una perspectiva humanística que rompa con la triste constante de dicha profesión.
Tocando problemáticas substanciales como el SIDA, el aborto, o el prejuicio de asociar enfermedad y pecado, la forma en que disecciona esos temas es admirable. De primer orden por ser poco común. Porque, como explica Carlos Payán en la presentación, sus textos no son, en esencia, una lectura de vida, sino una lección de vida.
La afición literaria de Carlos Monsiváis, quién también asistió a la Casa Lamm para acompañar al Dr.K –camarada de tantos años–, le ha permitido cultivar un acercamiento a sus ensayos y a su amistad.
Poseedor del récord olímpico mundial como asistente a presentaciones de libros, Monsiváis dice: “su libro es individual y colectivo, ya que a través de su encuentro con otros, crea un diálogo con el lector”.
24 junio 2009
Crónica de un extravío
Apunto la dirección donde será la reunión de la revista Erotana y salgo de mi casa con la prisa de siempre. La calle a donde me dirijo se llama Huatabampo y queda a dos cuadras del metro Centro Médico.
En el camino voy leyendo Trópico de Cáncer, del irreverente Henry Miller. Es una novela aderezada de frases gloriosas, cuya historia me resulta anecdóticamente divertida. Salgo a la superficie y camino buscando el número. Por fin doy con el 175, donde toco el timbre del interior 4 y sin preguntar quién es, me abren la puerta.
Camino por el pasillo oscuro hasta el fondo sin reconocer muy bien el piso. Llego a las escaleras y volteo, veo a Luis, quien de inmediato me saluda y me invita a pasar.
Adentro sólo está el vocalista y guitarrista del grupo Melandrolia; los demás aún no han llegado. Lo saludo y platicamos mientras esperamos que llegue Edgar, quien ha ido a buscar a su novia Reneé.
Los demás de plano parecen haberse olvidado de la reunión, así que descartamos su llegada y entramos de lleno al tema de las colaboraciones para el próximo número de la revista.
Entre el amor y la muerte, con la escritura como música de fondo y el diseño de nuevas formas de expresión, se va mejorando la propuesta del segundo número, que se dio a conocer apenas el pasado viernes en un lugar llamado
Resulta ser que el dueño, molesto por la hora y por la cantidad de gente que había, pidió que siguieran consumiendo o de lo contrario cerraría su negocio.
Ese día, yo de plano me perdí en el camino. Ya saben a lo que me refiero. Fue imposible encontrar el lugar, pregunté en una galería, en un restaurante, en la esquina de un sitio de taxis y nadie supo orientarme un poco siquiera para salir de mi extravío.
Se me ocurrió ir entonces a preguntar en el Atrio, espacio cultural en donde se presentó el número 1 de Erotana, y en donde conocí a los que se encargan de hacerla posible. Sin embargo, allí tampoco encontré a quien me pudiera dar su ubicación precisa.
De vuelta en casa, tomo la revista en las manos y empiezo a hojearla con una curiosidad que raya en el morbo. Vuelvo a leer impreso lo que mandé por correo electrónico y, aunque suene raro, me reconozco en esas palabras que aparecen escritas debajo de mi nombre.
La colaboración fue publicada en las páginas centrales, a la derecha de un fragmento de Herman Hesse. Traté de conservar la brevedad, por lo que a Edgar le pareció acertada la idea de ilustrarla con una imagen complementaria.
Me hubiera gustado que tratara sobre el amor, pero el texto que envié lo escribí una tarde mientras se despejaban mis ideas y repasaba mentalmente el concepto de Sigmund Freud: el ello, el yo y el súper yo; instancias en donde se funda el comportamiento humano y todos nos reconocemos finalmente, como la suma de cuerpo, alma y espíritu.
23 mayo 2009
Contra todo fanatismo

Había un maratón de cine en el Centro Cultural José Martí. Iban a pasar cuatro películas de un director mexicano. Venía de la presentación de la última novela de Pérez Reverte, después de La reina del sur, novela en donde retrata la vida de una de las narcotraficantes más afamadas del norte de México.
Lo que nos ocupaba era la presentación de El caballero del jubón amarillo, quinta parte de las aventuras del capitán Alatriste en medio de la suntuosidad del siglo de oro español. El evento estaba programado para las siete, pero empezó una hora tarde, pues Germán Dehesa y Reverte habían tenido problemas para llegar.
Mencionaron el atentado que habían sufrido habitantes a bordo de un tren en Madrid ese mismo día en la mañana. La directora de la editorial Alfaguara repudió los actos terroristas y ofreció condolencias a los afectados. Se pidió que guardáramos un minuto de silencio. Aunque el presentador había dicho que por obvias razones no habría brindis al final del evento, Pérez Reverte no se enteró y sin darse cuenta del aviso, departió con Dehesa una botella de whisky J&B con el más natural de los ánimos bohemios.
El interlocutor sacó a relucir su ingenio mordaz en todo momento, en cado uno de sus atrevidos planteamientos y de sus ocurrentes respuestas. Salí de ahí cuando Reverte tomó la pose del escritor consagrado, ese que subestima al público mientras piensa que se ha echado a todos a la bolsa.
Luego, me fui al Salón de
Después de unos minutos, me encontré a un señor que también estaba en el Centro Cultural España. Platicamos del apoyo que le dan las editoriales a Reverte en comparación con escritores mexicanos. Acordamos que hay diferencias notables en el marketing empleado para publicitar sus novelas con grandes espectaculares alrededor del mundo.
Por algo, es el autor más leído, por encima de la serie de Harry Potter o de El código Da Vinci, que en los últimos meses han repuntado en las listas de los más vendidos. Mientras la gente comienza a abandonar el lugar, le explico, en tono de broma, que yo olvidé llevar los libros que tengo de él, para que me los autografiara.
La fila era tan larga que se veía casi imposible. De todos modos, a mi no me gusta formarme para esas cosas. Estoy en contra de todo fanatismo, y más si éste, en lugar de ser religioso, es literario.
26 abril 2009
Por el gusto de habernos conocido
Y pensar que todo se dio a partir de un simple pretexto. De pronto, nuestra travesía cobró otro significado. El motivo, en apariencia, era estar en el mismo sitio, viajar juntos a las afueras de lo que veíamos todos los días. Por alguna razón conseguimos asistir al mismo evento; dicen que las cosas sólo suceden en el momento preciso.
¿Cuál es la diferencia? Te recuerdo. ¿Qué recuerdo de ti? Recuerdo lo que no he olvidado. Ese día se inauguró la vereda que nos permitió estar en el mismo lecho, camino donde surgió una pequeña historia en común; carretera de abrazos donde nuestras bocas compartieron todas sus pasiones.
Fue una excursión a tus ganas de sentirme contigo, a tu manera de mirarme esperando una respuesta; a despejar tus ganas de acercarte, de expresar en carne propia lo que se había gestado a partir de que nos conocimos.
Ahora soy el olor del deseo que se pasea en estas letras. Estoy tan hambriento que podría devorar la noche entera por su olor de amante. Desde aquí te busco rogando a la luna desvelada que me deje verte tal como entonces. Así, llena de vida, tentada a experimentar con la piel desnuda, a cabalgar por el aire afrontando en cada goce los miedos y la incertidumbre.
Repaso lo ocurrido, y en la remembranza sugerida veo a la gente con los ojos de alguien que busca el amor; mujeres jóvenes, madres con sus hijos, prostitutas conversas, niñas que anhelan perder la virginidad, y monjas que rezan para ocultar sus pensamientos más devotos. Sus caras me hacen aclarar lo que hace mucho había dejado en el baúl de la memoria. El saber que el amor siempre está en algún lugar, y no descansa hasta revelarse.
Por el gusto de habernos conocido, te saludo de nuevo en la complicidad de la voz por teléfono, en la historia de uno de tus novios, en la mudanza del deseo y en la espera de encontrarnos otra vez recorriéndonos la piel. Aquí todo es nuevo. La incertidumbre y lo indecible. Los sueños y los laberintos donde no es del todo malo perderse. Los enigmas de un porvenir de dulces encuentros. Hoy que nos buscamos siento que cada segundo es el mejor para emprender el camino hacia un reencuentro aplazado por el temor a lastimarnos.


